Estimados Magos & Músicos, mandantes.
En Septiembre de 2002 comenzó mi compromiso con los ancianos de Fundación Las Rosas.
El retorno es mayor a lo entregado.
No es cuantificable, mas sí tengo un orden de magnitud bien puede ser como de mil a uno.
En estos cuatro lustros he tenido muchos encuentros de dimensiones que no hay palabras que las puedan describir. Una manera de aproximarse es mediante distintas perspectivas del lenguaje.
Es entonces un relato en la figura literaria de una carta que se me dicta. Me la dicta un residente, mi amigo. Amigo que fui perdiendo día a día, se fué de a poco.
Se llamaba Iván Erices Pérez Castro.
Santiago, Hogar 30, Mayo 2003
Buen día,
Me llamo Erices Iván Pérez Castro. No puedo ya escribir, se me olvidó. Le pido a amigo Luis, más conocido como Luchín, que lo haga por mí, le dicto. Para eso son los amigos.
Quiero que escriba para que usted, amantísimo y paciente lector la lea, y se entere lo importante que es para mí que venga a visitarme regularmente y que cómo me mejora la calidad de vida, regalándome su tiempo, compañía y amistad. Para eso son los amigos.
Quiero que Luchín te cuente, te puedo tutear?, que cuando me visites, no seré el único que recibe cariño, tú también serás recompensado con el regalo de mi amistad y compañía. Recibo tanto cariño, y también lo doy, mucho, créeme. Para eso son los amigos.
Te cuento que ya no sé lo que significa quince días, ya no tengo la noción del tiempo. Cuando vengas me presentaré diciéndote que me llamo Iván Erices Pérez Castro, o Iván El Terrible, para inmediatamente preguntarte que cómo te llamas tú. Te darás cuenta que si nos encontramos de nuevo, apenas tres minutos después de habernos despedido nombrándote, te saludaré de nuevo, respetuosamente te diré mi nombre y que estoy aquí para servirte, sin embargo no diré tu nombre porque se me habrá olvidado. Lo poco que me va quedando de lucidez se da cuenta de mi progresivo deterioro cognitivo y me siento limitado. Me harás sentirme bien, me harás creer que te aporto algo. Ven pronto eso sí, porque dentro de no mucho mi enfermedad me privará de la noción de mi propia identidad, no recordaré mi nombre. Espero no perder la capacidad de reír y evocar la música de mi pasado que recuerdo bien ya que eso es lo último que se lleva mi tan cruel enfermedad, si vienes sé que contaré contigo para que me ayudes en eso. Para eso son los amigos.
Para que pueda seguir viviendo en las condiciones más dignas que sea posible, es que necesito también tu ayuda material. Te pido una colaboración mensual para el hogar, aporte que permita contribuir a nuestro bienestar, comodidad y dignidad en cosas sencillas, que por obvias bien podemos darlas por dichas. Es la justa retribución por ayudarte a encasillar tus problemas en el nivel que corresponden. La soledad y el abandono en la vejez sí que es un problema, hiela el alma. Te digo que acepto con paz y alegría cualquier respuesta tuya, incluido el silencio, mi gratitud ya está comprometida porque leíste mi carta hasta este último párrafo.
Para eso son los amigos.
ERICES IVAN PÉREZ CASTRO.
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